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La Expedición

Hay acontecimientos relevantes que debiéramos desenterrar, ya que somos una Club con un fin deportivo, y con aporte importante en los inicios del montañismo en Chile. Esta información recopilada y en el recuerdo de Humberto Espinosa quién nos relata la siguiente historia.

La ascensión del Volcán Llullaillaco (6.773 m.s.n.m) ejecutada por los Andinistas del CACH Bión Gonzales y B.Arseim, en Diciembre de 1952, es un ejemplo de la calidad de los antiguos socios de nuestra institución. En Diciembre de 1933, Otto Pfenninguer y Sebastian Krückel suben el Co. El Morado (6060 m.s.n.m.). A partir de esa fecha, a escasos 8 meses de la Fundación del CACH (8.04.1933), ” los Andinos” se lanzan en Chile a subir los primeros cerros no vencidos aún, los que irán conquistando en un total de ” 100 cumbres en primera ascensión” en menos de los 20 años siguientes. Antes que ellos solo se registran las ascensiones realizadas por los Incas antes del siglo XVI de acuerdo a su cultura y por motivos religiosos.

Este es solo un botón de muestra, de la valiosa actividad deportiva de montaña que han hecho grande al Club Andino de Chile, reconocido como uno de los pioneros en nuestro país, en los deportes de montaña, a partir de ese prestigio ganado, se van fundando distintas sedes, mas de 12 en pocos años, clubes de montaña con el mismo nombre, incluidos el Club Andino de Chile de Valparaíso, el Club Andino de Chile México y el Club Andino Antártica en febrero de 1947 en la Base Soberanía durante la primera expedición Chilena a este territorio.

Momias de Llullaillaco

Hace unos 500 años, tres niños incas quedaron momificados por las bajas temperaturas en la cima del Volcán Llullaillco de los Andes; donde fueron condenados a muerte como parte de un ritual llamado Capacocha. Los infantes sacrificados se quedaron dormidos por intoxicación de hojas de coca y por beber chicha (bebida fermentada de maíz), según ha confirmado una investigación publicada esta semana en la revista “Proceedings” de la Academia estadounidense de Ciencias.

Una vez que perdieron el conocimiento, los tres menores fueron colocados en nichos de enterramiento; donde murieron congelados a 6 mil 700 metros sobre el nivel del mar. Según las creencias incas, estos infantes servían como guardianes de sus aldeas desde las alturas de las montañas y vigilaban el bienestar de su pueblo. Por esta razón fueron sacrificados un niño de siete años (llamada justamente “El Niño”); una niña de seis (“La Niña del Rayo”) y una adolecente de trece años (“La Doncella”).

Los niños ofrendados llevaban elaborados zapatos y suntuosas ropas de colores decoradas con metal, hueso y finísimos hilos. Fueron hallados envueltos en chales, sentados con las piernas cruzadas y estaban acurrucados al momento de quedarse dormidos. Se encontró también una extraordinaria colección de estatuas de oro, plata; conchas de mar, textiles y vasijas que contenían alimentos. Las momias se conservaron asombrosamente.

La niña mayor –conocida como “La Doncella”- tenía el rostro decorado con ocre rojo y se hallaron trozos de hojas de coca en su boca. Estaba bien alimentada y probablemente fue elegida por su belleza y pertenencia a la nobleza inca. El estudio publicado en “Proceedings” estableció que “La Doncella” consumió hojas de coca en sus últimos 21 meses de vida. Su asombroso estado de conservación reveló un cabello largo magníficamente trenzado; y su rostro dormido sugiere que su sacrificio se realizó sin que sufriera dolor.

La niña de seis años ya momificada, sufrió en algún momento la descarga de un rayo; y esto dañó parte de su cuerpo y vestimenta. Por eso se le ha llamado “La Niña del Rayo”. Su cabello lacio está peinado con dos trenzas pequeñas y lleva como adorno una placa de metal. Como símbolo de belleza y jerarquía, su cráneo fue intencionalmente modificado y adquirió una forma cónica.

El niño de aproximadamente siete años de edad –como todos los varones de la elite incaica- tiene el cabello corto; y en torno a él existe un fuerte debate, ya que se encontró un paño cubierto de sangre y saliva en su cuello. Algunos expertos opinan que se trata de una consecuencia –por su corta edad- del ascenso a más de 6700 metros de altura. Otros especialistas creen que pudo tratarse de un golpe violento.

Desde mediados del siglo XX, se tuvieron las primeras noticias sobre la existencia de ruinas arqueológicas en el Volcán Llullaillco. Pero fue hasta 1999 que la National Geographic Society y las autoridades argentinas financiaron una expedición que llevó al descubrimiento de las momias. Los “Niños del Llullaillaco” fueron declarados “Bienes Históricos Nacionales” y la cima del volcán “Lugar Histórico Nacional” por la Comisión Nacional de Monumentos y Sitios Históricos de Argentina. Actualmente se encuentran para su estudio y exhibición en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta (Argentina).